Está perdido en una zona en la que no existen consecuencias,
pero, pero no temáis por él, aún puede caer más bajo.
Vive el día a día entre difusas secuencias,
no distingue entre amigos o rufianes, ese ya no es su trabajo.
Anoche en la urbe alguien se quitó la vida,
pero a él no le interesa quién comparte sus días,
sólo se mueve para buscar fiestas y bebida.
Amores de barra, drogolegas y camellos,
son sus únicos allegados y sólo confía en ellos.
¡¡Y QUE LE DEJEN EN PAZ!!
que ya no le interesa nada más que dejar de vomitar.
Se despierta entre jaquecas y temblores
evitando los discursos de sus queridos detractores.
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