Le llamaban caos, se dedicaba a entrar en la vida de los
demás, dejarla patas arriba y salir como si nada hubiera pasado. Un demonio
vestido de cuero negro amante de lo sórdido y la depravación, te lo podías
encontrar en los bares más oscuros o en la puerta de una iglesia, siempre
buscando un alma que profanar o una mente que pervertir.
Perseguía un motivo para caer en las tentaciones del día a
día, realmente no necesitaba escusa alguna, pero le gustaba la idea de que la
gente así lo creyera… cuanto menos se supiera de él mejor para todos, eso
significaba que estaba haciendo bien su trabajo.
¿Y quién coño es? Te sigues preguntando…
Él es el que te moja la cama en tus sueños más calientes, es
el que hace que te despiertes llorando cuando tienes pesadillas, es el
escalofrío en tu nuca y el morado de tu ojo. Es esa sensación de no debí
haberlo hecho y el impulso de volverlo a hacer. Muy pocos le han visto o
podrían describirlo, sólo saben a ciencia cierta que caos era su nombre, y así
es como se presentó ante mí…
Le abracé y le cuidé como si fuera mi propio hijo, estuve
toda una vida a su lado alimentándolo y actuando en su nombre. Pero en mi lecho
de muerte me abandonó, me dijo que ya no le servía, que tenía que hacer otro
amigo antes de que yo me fuera o de lo contrario moriría conmigo, no tuve el
valor de pedírselo a si que le dejé
marchar y así me despedí de él.
Le llamaban caos.
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