24 de diciembre, todo el mundo espera sentado, que llegue la
hora de la cena más familiar del año. Yo sólo espero que acabe pronto, que pase
ya esta mierda de fechas, en las que un día estuve realmente ilusionado pero
que ahora sólo me sirve como escusa para emborracharme, poder ir a la nevera y
beberme un pack de 6 cervezas a gusto, sin que nadie me ponga una mala cara, o
me diga un comentario fallido sobre el alcohol a deshora y los excesos.
Mientras yo sentado frente a este ordenador, estoy en mi
mundo, no en tu mundo de felicidad, falsedad e hipocresía. NO. En mi mundo sólo
existe la felicidad acompañada del alcohol, acompañada de un petardo de
marihuana, y, por desgracia, siempre de la mano de los bajones y las resacas…
mi mundo jodidamente hipócrita y feliz sería un mundo sin resacas ni bajones.
Como un encefalograma plano, sin subidas ni bajadas, una línea recta, sin más.
Y eso amigos míos aquí no se puede encontrar, aquí la gente
camina deprisa por casa buscando corbatas, calcetines a juego o laca con que
apelmazar su pelo. Yo estoy sentado mirando hacia todas las direcciones atónito
por el revuelo que hay organizado en torno a este día, ni siquiera me he
duchado y no pienso hacerlo, tengo una cerveza de la mano, un traje a medio
poner y una cara bastante lejana al espíritu navideño.
Pero silencio, el discurso de su majestad está en la caja
tonta, cerrad la boca y abrid los oídos, quien manda en el país y sobre ti está
a punto de salir a escena con los hilos colgando como buena marioneta…
A la mierda, cogeré
otra cerveza y dejaré que la noche fluya… seguro que es una gran noche de
mierda, seguro que acabo borracho con alguien que ni siquiera es mi amigo, echándote
de menos, y mirando el jodido móvil cada 5 minutos para ver si me llama alguien
que realmente valga la pena.
Y en efecto, mi pronóstico se cumplió, como no… era de
esperar que mi nochebuena acabase en declive como lo lleva haciendo ya unos años,
arrancando los primero rayos de sol del nuevo día, volviendo sólo por la calle,
una vez más, un año más. Quizás todo esto sea una absurda broma, de alguien que
mi raciocinio no llega a comprender, o quizás he nacido con ese alma de payaso
tristón, acostumbrada al agua fría que baja por la nuca, cada vez que pienso
estar realmente seco.
Sea lo que sea aquí estoy otro día igual, con el mismo
ordenador, la misma cara y esa sensación de estar más muerto que vivo,
caminando ebrio y solitario por las calles desiertas de mi cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario