Y de repente se puso a pensar en todo aquello como en un sueño casi olvidado,
decidió dejar de lado los esquinazos, las borderías y los codazos
- solo abrazos - murmuró mientras sonreía
y sin pensárselo dos veces cruzó esa puerta que, en realidad representaba todos sus miedos:
las miradas esquivas y el terror a la vergüenza delante del gran público.
agarró el traje de faena y se dispuso a dar lo mejor de sí mismo...

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