sábado, 16 de abril de 2011

Delirante desidia

Sigo anhelando esa barra larga, lujosa y a la vez pringosa por toda la bebida desperdiciada que algún parroquiano semi-inconsciente a derramado si prestar atención en aquel desconocido que sigue allí día a día, noche a noche, con un cerco alrededor de sus codos que parecen una prolongación de esa bonita barra de roble macizo.
Es curioso el cuadro, al tener esa camisa que se adivina, un día fue marrón, hoy no se si por conveniencia o simplemente casualidad comparten la misma tonalidad, ese roble de más de 10 años muerto y esa prenda que fácilmente podría contar con una década entre sus hilos buscando perdones, caricias y dulces colocones, hoy se fusionan para volver a ser uno y seguir pasando inadvertidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario