martes, 9 de abril de 2013
Redención
Era una bestia sin corazón, se dedicaba a destrozar todo, y a todo aquel que estuviera cerca de él, alguien manejaba su cabeza y vestía su ropa, no tenía amigos ni familia y la ciudad le había empapado de un sentimiento de negatividad del que ya era imposible despojarse. Soñaba tirado debajo de un puente, que amasaba una gran fortuna como ejecutivo de una multinacional. Pero la realidad era que su cuerpo se apagaba lentamente a consecuencia de las adicciones que llevaba arrastrando desde su adolescencia. El alcohol era su agua y cualquier droga en polvo su oxígeno, y como nadie puede vivir sin beber ni respirar se dedicaba a morir viviendo, no era más que un triste cuerpo animado por la necesidad. Las noches las pasaba entre sudores y delirios no durmiendo más de dos horas seguidas por los espasmos que la ausencia de vicio le producía.
Pero un día la historia cambió, conoció a un alma vagabunda que sus ojos iluminó. La vio y se enamoró, abrió la boca y la idealizó pero tan pronto como vino se fue por que como muchas historias de amor, este breve romance murió en la cama antes que en la mente, y así decidió no idealizar a la gente si no sólo a un corazón, dejar de lado la vida insana y abrazarse a la razón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario