jueves, 22 de noviembre de 2012

Con las rodillas clavadas en el tiempo


Con las rodillas hincadas en el tiempo, entre las rocas de la sabiduría, me comprometo a guardar el secreto de las noches de verano. Calles oscuras, propósitos y lunas que fueron testigos del pacto de nuestros cuerpos, incendiados por la llama de la locura en forma de un sucio polvo...

Deleitose con el relato de una vida nueva, donde todo era satisfacción. Beber dormir y joder, en ese orden... más tarde explicaría las consecuencias a la iglesia del olvido, donde rezamos nuestras fechorías y ordenamos los pensamientos prohibidos, furtivos... y todo ello con las rodillas clavadas en el tiempo.

Coge al perro y vámonos, gritó ella. Y desde lejos la vi acercarse como una jodida aparición divina.

Bienvenida al festín que nos prometieron, el festín de la carne y la desidia.

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